JuOrdóñez

JuOrdóñez 12 de Marzo de 2018

Los CUATRO ACUERDOS PARA VIVIR MEJOR

~~Desde que nacimos hasta el punto en la vida donde nos encontramos ahora, nos llenamos de creencias, de obligaciones, de responsabilidades, de porqués. Nacimos y nos dijeron cómo nos llamábamos, nuestra religión, cómo debíamos comportarnos, qué cosas estaban “bien” y “valían” y qué cosas no. A todo esto, el Dr. Miguel Ruiz lo llama “proceso de domesticación”. Y así es como vivimos tratando de satisfacer las exigencias de otras personas. Morimos de miedo de expresarnos tal cual somos, de correr el riesgo de mostrarnos como somos. Tenemos miedo de arriesgarnos a vivir. Pero lo más doloroso es que en este proceso de domesticación nos formamos una imagen mental de la perfección. Creamos esta idea de lo que es la perfección, pero no l apodemos alcanzar, no encajamos. Acá radica el mayor problema. Ante esta imagen, nunca vamos a ser perfectos. Y al no ser perfectos, nos rechazamos a nosotros mismos. No somos lo suficientemente buenos para nosotros mismos porque no encajamos en nuestra propia imagen de la perfeccion. Y no nos perdonamos no ser quien creemos que deberíamos ser. Este problema con nosotros mismos nos lleva a un problema con los demás. Juzgamos a los demás según nuestra imagen de perfección, la cual obviamente tampoco alcanzan, y así no cumplen con nuestras expectativas. Entonces, como primer punto entendemos que el hecho de que nos autorrechazamos se origina en esta imagen que tenemos de lo que significa ser perfecto y que es imposible alcanzar. La clave está en que cuanta más autoestima tenemos, menos nos maltratamos. Hoy en día se confunde tener autoestima y quererse con “creerse”. Si fuimos pensados y creados, y alguien, según mis creencias Dios, nos creó y nos quiso incluso desde antes que naciéramos, ¿Cómo yo no me voy a querer a mi misma? Queré cada parte de tu cuerpo, y vas a sembrar semillas de amor en tu mente. Para escribir esto me basé en varios libros. Entre ellos “Los cuatro acuerdos” de Miguel Ruiz. Trata sobre cuatro acuerdos que deberíamos incorporar para llegar a la felicidad. El primer acuerdo se trata de ser impecable con nuestras palabras. Al leer esto pensé que se refería a lo que nosotros le decíamos a los demás, pero entendí que no, que es lo que nos decimos a nosotros mismos. Ser impecable con nuestras palabras ignifica no usarlas en contra de nosotros. Y vuelvo al amor propio. Si me amo a mí mismo, ese amor se va a expresar en mis relaciones. El amor que siento por mí misma es proporcional a la calidad de mis palabras. Y ahí sí entra en juego el otro. Si te critico, o digo algo feo, pareciera que esas palabras las digo contra vos, pero en realidad las uso contra mí misma, Y acá voy a hacer un paráte. Todos los chismes son malos, sin embargo, incluso aquél que dice “yo soy cero chismoso”, los alimenta. Pero lo peor es que los justificamos diciendo “algo habrá hecho…” o “Y, hazte la fama y échate a dormir”. Nos mentimos a nosotros mismos y nos decimos que la persona en cuestión, de la cual se habla, recibió lo que se merecía por su maldad o lo que sea, y todo para justificar nuestro actuar. Ahora, ¡y cómo nos cuesta entender esto! Tu opinión no es más que tu punto de vista, y no tiene por qué ser la verdad. Tu opinión proviene de tus creencias, de tus experiencias, de tus objetivos, de tu sueño. Entender esto nos ayudaría con este acuerdo. El segundo acuerdo es no tomarse nada personalmente, y voy a usar el mismo ejemplo del libro. Si alguien me dice “Juli, me duele lo que me dijiste”. En realidad, lo que te duele no es lo que te dije, sino las heridas que tenés y que yo rocé con lo que dije. Si no hubieras tenido esa herida, lo que yo te dije muy probablemente no te hubiera afectado. Por ejemplo, si te digo “ay no me convence lo que tenés puesto hoy”, y vos te quedás mal todo el día, incómoda y bloqueada, sin concentrarte en tus cosas, seguramente alguien te haya lastimado alguna vez, seas insegura, y lo que yo dije te afectó a ese punto. Es importante entender que si te enojás conmigo por algo, eso está relacionado con vos. Yo soy la excusa para que te enojes, pero vos te enojas porque te estás enfrentando a algo, a algún miedo. Por eso, cuando realmente vemos al resto tal cual son, sin tomarnos nada personal, cualquier cosa que hagan o digan no nos va a lastimar. Más que confiar en los demás, tenés que confiar en vos mismo. En cuanto al tercer acuerdo, es el de no hacer suposiciones. Nos encanta el drama. Nos hacemos suposiciones, nos creamos problemas, y la suposiciones llevan solamente al sufrimiento. Entendemos las cosas mal, nos lo tomamos personalmente, y terminamos haciendo un drama de nada. Lo más gracioso es que nos convencemos y creemos, y después convencemos al resto, de que esas suposiciones son ciertas. Y vuelvo a que nuestra opinión es solo nuestro punto de vista. Pero no. Suponemos que todo el mundo piensa, o tiene que pensar como nosotras, que todo el mundo ve la vida de la misma manera. ¿La receta? Preguntar. Todas tus relaciones van a cambiar si te manejas con una comunicación clara. Relaciones laborales, relaciones de amistad, de familia, y de amor. Esto es lo que yo quiero, esto es lo que querés vos. Claridad, sin suposiciones. No supongas, ni justifiques. Y en cuanto a tus relaciones amorosas, el amor verdadero es aceptar al otro tal cual es, sin tratar de cambiarlo. Si intentamos cambiarlo significa que, en realidad, no nos gusta. Y finalmente, da siempre lo mejor de vos. Hacé lo mejor que puedas. Ni más ni menos. ¿Por qué? Porque cuando hacés lo máximo que puedas, te sentís muy feliz. Quizá los resultados no sean los que esperabas, pero al haber hecho lo mejor que podías, no hay manera de que te culpes. “La acción consiste en vivir con plenitud. La inacción es nuestra forma de negar la vida, y consiste en sentarse delante del televisor cada día durante años porque te da miedo estar vivo y arriesgarte a expresar lo que eres”. Se trata de emprender la acción, porque las palabras suenan divinas, siempre, pero lo que se ve y se siente, y lo que finalmente transforma, es la acción. Como para concluir, y remontar hacia lo primero que dije, nacimos con tantas creencias que perdimos nuestra libertad. Lo peor es que la mayoría de las personas ni siquiera ve que no es libre. Bueno, el primer paso es reconocerlo. Ser conscientes. Nacemos para ser felices, no hay razón para sufrir. Si sos consciente podés rebelarte, podés elegir ser libre, vivir de acuerdo a tu propia mente, y no vivir la vida de nuestro sistema de creencias. De nuevo, nacemos con el derecho de ser felices. Ser feliz es una elección. Y es una elección diaria. Es levantarse todas las mañanas y decidir ser feliz. No vivas más en el pasado. Estás vivo hoy, y no disfrutar de lo que te está pasando hoy es vivir a medias. Tomá tu vida y disfrutala. Se consciente de que si te caes, sos lo bastante fuerte, lo bastante inteligente como para pararte y seguir adelante, podés hacerlo.

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